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La maternidad y otras drogas.

En ese mismo instante. Si, cuando pasan todos los dolores. Cuando ya nada más importa que los momentos que pasas al lado de tu hijo. En ese mismo instante, dejas de ser madre para convertirte en mamá. Enhorabuena, has pasado de fase.

Yo estoy ahí. Justo ahí. En la fase en la que ser madre deja de doler (viene de Ser madre duele) y me convierto en mamá. Ahora sí disfruto de cada uno de los segundos que paso a su lado. ¡Ahora sí! Ser mamá se ha convertido en algo adictivo; en una profesión que se paga sin dinero; en un papel en el que no eres la prota, pero en el que mola ser una segundona. 

Me he convertido en esa que le ha hecho más striptease a su hijo que a ningún otro hombre sobre la faz de la tierra. Y es que ducharme es una tarea que ha comenzado a regularizarse, que no a normalizarse. Siento a Simón en su tumbona y lo coloco justo en la entrada del baño; si hay contacto visual no llora ni llama por mi… Es entonces cuando me veo desnuda y haciendo playback mientras me pongo el gorro de ducha para que no se asuste. Empapo de agua el suelo varias veces para colocarle el chupete mientras veo cómo abre los ojos como platos atendiendo a todo lo que me cuelga. Lanza una mirada que provoca imaginarme una pregunta en su mente: «Esta mujer es mi madre!? Pero qué hace cantándome y haciendo aspavientos!?». Quererte cariño, quererte mucho.

Salgo de la ducha y sólo me hace falta una barra para mantenerlo ocupado y que no llore para que le coja en brazos. Dame tiempo a secarme, le pido con la mirada. Me paso más tiempo desnuda ahora que en ningún otro momento de mi vida. Además sigo siendo de esas mamás que se desnudan de cintura para arriba para dar el pecho. En casa, obviamente; soy nudista no exhibicionista.

Ahora desenfundo la chucha a una velocidad de vértigo. Donde sea, delante de quien sea. Ya he olvidado los días de suf… ¡Que ya los he olvidado! Si mi hijo quiere comer, va a comer. Soy cervecera y aunque hace ya un año que le pego duro a las cervezas tristes (cerveza 0,0%), echo de menos tomarme una milnueve o un gintonic. Un gintonic con calma, con una rodajita de pomelo. Con mucho hielo. Uuumh, en copa de balón. Con música de fondo… ¡Me mantengo sobria por decisión, que no por obligación! Creo.

Soy de esas mamás a las que se les pasa la vida con el niño en brazos. Mi hijo tiene dos remolinos, no una calva en el cogote de rozar con la cuna. De esas mamás que aunque antes era un animal callejero ahora es capaz de pasar 3 días sin ver el cielo. De esas que si ve unos bracitos agitándose por encima del borde de la cuna se levanta rápidamente para dar un beso mientras escucha: «jod*, no le das tiempo ni a llorar». ¡¿Coñ*, por qué iba a hacerlo!? Me sobrarán momentos en los que empiece a llorar y yo no esté a su lado.

Soy mamá desde que me vomitan encima y no devuelvo con la misma moneda. Desde que me hacen caca en la mano y no muero de asco; desde que huelo pedos ajenos y no me quejo. Desde que escribo estas palabras a una mano mientras sujeto a Simón con la otra. Desde que el único deporte que hago es recorrer el pasillo de un lado al otro para relajarle. ¡Y bailar! Bailar sin parar con el mejor acompañante.

Nunca antes había dicho tantas veces las palabras mágicas: Te Quiero. Y ahora no hago más que lanzarlas al viento acompañándolas, muchas veces, de un «mucho, mucho; como la trucha al trucho»… El ser mamá me ha convertido en una mujer nueva. En una mejor mujer.

Simón, te quiero.

 

9 comentarios en “La maternidad y otras drogas.”

  1. Si señor…me siento tan identificada…me encanta jajaj en cada capitulo que escribes me siento reflejada…😘😘

  2. …Y creo que es aquí cuando todo lo anterior se va difuminando y olvidando. Porque «ser madre duele» se convierte en «eres el verdadero amor de mi vida» y todo lo demás «qué importancia tiene?».
    Muy bonitas tus palabras amiga mía, sinceras y cargadas de sentimientos, las anteriores y éstas. No dejes de escribir que yo seguiré leyéndote con mucha atención 😘

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